La Mitad del Mundo

El popular proverbio de los viajeros europeos “Isfahán es la mitad del mundo” expresa el apogeo del desarrollo de Isfahán a lo largo de la época safávida (1501- 1736). Este dicho se originó en la época en la que el Sha Abbas, rey safávida, amplió Isfahán creando los amplios asentamientos de inmigración que fueron los barrios de Yolfa y Tabrizian. A finales del siglo XVII, el joyero y viajero francés John Chardin sostenía que Isfahán albergaba una población cercana a la de Londres, la ciudad más grande en Europa. El origen del nombre de Isfahán atestigua su antigüedad, “Aspadana”, que significa “base militar” en griego, como se mencionó en el siglo I en la historia de Ptolomeo.

Asimismo, Isfahán se convirtió en la gran capital de los selyúcidas en los siglos XI y XII, que le dieron el nombre de “Espíritu del mundo”. Según las crónicas históricas, Isfahán comprendía dos zonas: “Gey” o Shahrestán  y Judea, y los primeros vestigios de Isfahán se encuentran en el área de “Gey”, y se remonta a una fecha entre el período de los partos y el islámico. El Templo de Fuego Sasánida en Isfahán, sito en la cima de un hermoso monte, pertenece a la era pre-islámica. Isfahán creció durante el inicio de la época islámica alrededor de la Mezquita Yame y la Plaza Atiq (Antiguo). Según los arqueólogos italianos, la Mezquita del Viernes de Isfahán (Masyed-e Yame), declarada patrimonio mundial por la UNESCO, puede considerarse como un museo de mil años de arquitectura religiosa persa.

Durante el período safávida, el desarrollo de Isfahán se extendió más allá, alrededor de la Plaza de Naghsh-e Jahan, otro sitio de la UNESCO. El propósito del Sha Abbas se encaminaba a erigir un paraje que recordara el Jardín del Edén y el Paraíso. La Plaza de Naghsh-e Jahan se convirtió en el centro de esta ciudad ideal, y el espectacular río Zayande Rud desempeñó un papel fundamental en este desarrollo y el de sus Chaharbaghs (los cuatro jardines del paraíso citados en el Corán). En torno a esta plaza se enclavaron tres elementos cruciales de la dinastía safávida: la Mezquita del Imam (anteriormente conocida como Mezquita del Sha) y la Mezquita del Jeque Lotfol`lah, que encarnaban los símbolos de la religión; el Palacio de Ali Qapu, lugar que representaba el gobierno Safávida; y el Bazar Qeisariye, donde se resumía el sólido poder económico de Irán durante el imperio Safávida. La impresionante arquitectura de Isfahán fascinó a viajeros europeos tales como Jean-Baptiste Tavernier de Francia y Don García de Silva Figueroa de España y a otros muchos que elogiaron el Isfahán de la época safávida, la ciudad colmada de maravillosos jardines y palacios tales como el pabellón de Hasht Behesht y el palacio de Chehel-Sotun (declarado patrimonio mundial por la UNESCO).

La singular mezcla de bazares, mezquitas, baños, hostales (caravasares) y viviendas del casco antiguo de Isfahán ha forjado un encantador paisaje cultural que atrae a turistas de todo el mundo. La belleza de Isfahán ha hechizado a gente famosa, como Arturo Upham Pope, científico estadunidense que solicitó ser enterrado en Irán. Hoy, la tumba de Pope está al lado del Puente de Allah Verdi Jan (Sio-se-pol), donde se ha convertido en un monumento en Isfahán.

Isfahán

El popular proverbio de los viajeros europeos “Isfahán es la mitad del mundo” expresa el apogeo del desarrollo de Isfahán a lo largo de la época safávida (1501- 1736). Este dicho se originó en la época en la que el Sha Abbas, rey safávida, amplió Isfahán creando los amplios asentamientos de inmigración que fueron los barrios de Yolfa y Tabrizian. A finales del siglo XVII, el joyero y viajero francés John Chardin sostenía que Isfahán albergaba una población cercana a la de Londres, la ciudad más grande en Europa. El origen del nombre de Isfahán atestigua su antigüedad, “Aspadana”, que significa “base militar” en griego, como se mencionó en el siglo I en la historia de Ptolomeo.

Asimismo, Isfahán se convirtió en la gran capital de los selyúcidas en los siglos XI y XII, que le dieron el nombre de “Espíritu del mundo”. Según las crónicas históricas, Isfahán comprendía dos zonas: “Gey” o Shahrestán  y Judea, y los primeros vestigios de Isfahán se encuentran en el área de “Gey”, y se remonta a una fecha entre el período de los partos y el islámico. El Templo de Fuego Sasánida en Isfahán, sito en la cima de un hermoso monte, pertenece a la era pre-islámica. Isfahán creció durante el inicio de la época islámica alrededor de la Mezquita Yame y la Plaza Atiq (Antiguo). Según los arqueólogos italianos, la Mezquita del Viernes de Isfahán (Masyed-e Yame), declarada patrimonio mundial por la UNESCO, puede considerarse como un museo de mil años de arquitectura religiosa persa.

Durante el período safávida, el desarrollo de Isfahán se extendió más allá, alrededor de la Plaza de Naghsh-e Jahan, otro sitio de la UNESCO. El propósito del Sha Abbas se encaminaba a erigir un paraje que recordara el Jardín del Edén y el Paraíso. La Plaza de Naghsh-e Jahan se convirtió en el centro de esta ciudad ideal, y el espectacular río Zayande Rud desempeñó un papel fundamental en este desarrollo y el de sus Chaharbaghs (los cuatro jardines del paraíso citados en el Corán). En torno a esta plaza se enclavaron tres elementos cruciales de la dinastía safávida: la Mezquita del Imam (anteriormente conocida como Mezquita del Sha) y la Mezquita del Jeque Lotfol`lah, que encarnaban los símbolos de la religión; el Palacio de Ali Qapu, lugar que representaba el gobierno Safávida; y el Bazar Qeisariye, donde se resumía el sólido poder económico de Irán durante el imperio Safávida. La impresionante arquitectura de Isfahán fascinó a viajeros europeos tales como Jean-Baptiste Tavernier de Francia y Don García de Silva Figueroa de España y a otros muchos que elogiaron el Isfahán de la época safávida, la ciudad colmada de maravillosos jardines y palacios tales como el pabellón de Hasht Behesht y el palacio de Chehel-Sotun (declarado patrimonio mundial por la UNESCO).

La singular mezcla de bazares, mezquitas, baños, hostales (caravasares) y viviendas del casco antiguo de Isfahán ha forjado un encantador paisaje cultural que atrae a turistas de todo el mundo. La belleza de Isfahán ha hechizado a gente famosa, como Arturo Upham Pope, científico estadunidense que solicitó ser enterrado en Irán. Hoy, la tumba de Pope está al lado del Puente de Allah Verdi Jan (Sio-se-pol), donde se ha convertido en un monumento en Isfahán.

Isfahán

El popular proverbio de los viajeros europeos “Isfahán es la mitad del mundo” expresa el apogeo del desarrollo de Isfahán a lo largo de la época safávida (1501- 1736). Este dicho se originó en la época en la que el Sha Abbas, rey safávida, amplió Isfahán creando los amplios asentamientos de inmigración que fueron los barrios de Yolfa y Tabrizian. A finales del siglo XVII, el joyero y viajero francés John Chardin sostenía que Isfahán albergaba una población cercana a la de Londres, la ciudad más grande en Europa. El origen del nombre de Isfahán atestigua su antigüedad, “Aspadana”, que significa “base militar” en griego, como se mencionó en el siglo I en la historia de Ptolomeo.

Asimismo, Isfahán se convirtió en la gran capital de los selyúcidas en los siglos XI y XII, que le dieron el nombre de “Espíritu del mundo”. Según las crónicas históricas, Isfahán comprendía dos zonas: “Gey” o Shahrestán  y Judea, y los primeros vestigios de Isfahán se encuentran en el área de “Gey”, y se remonta a una fecha entre el período de los partos y el islámico. El Templo de Fuego Sasánida en Isfahán, sito en la cima de un hermoso monte, pertenece a la era pre-islámica. Isfahán creció durante el inicio de la época islámica alrededor de la Mezquita Yame y la Plaza Atiq (Antiguo). Según los arqueólogos italianos, la Mezquita del Viernes de Isfahán (Masyed-e Yame), declarada patrimonio mundial por la UNESCO, puede considerarse como un museo de mil años de arquitectura religiosa persa.

Durante el período safávida, el desarrollo de Isfahán se extendió más allá, alrededor de la Plaza de Naghsh-e Jahan, otro sitio de la UNESCO. El propósito del Sha Abbas se encaminaba a erigir un paraje que recordara el Jardín del Edén y el Paraíso. La Plaza de Naghsh-e Jahan se convirtió en el centro de esta ciudad ideal, y el espectacular río Zayande Rud desempeñó un papel fundamental en este desarrollo y el de sus Chaharbaghs (los cuatro jardines del paraíso citados en el Corán). En torno a esta plaza se enclavaron tres elementos cruciales de la dinastía safávida: la Mezquita del Imam (anteriormente conocida como Mezquita del Sha) y la Mezquita del Jeque Lotfol`lah, que encarnaban los símbolos de la religión; el Palacio de Ali Qapu, lugar que representaba el gobierno Safávida; y el Bazar Qeisariye, donde se resumía el sólido poder económico de Irán durante el imperio Safávida. La impresionante arquitectura de Isfahán fascinó a viajeros europeos tales como Jean-Baptiste Tavernier de Francia y Don García de Silva Figueroa de España y a otros muchos que elogiaron el Isfahán de la época safávida, la ciudad colmada de maravillosos jardines y palacios tales como el pabellón de Hasht Behesht y el palacio de Chehel-Sotun (declarado patrimonio mundial por la UNESCO).

La singular mezcla de bazares, mezquitas, baños, hostales (caravasares) y viviendas del casco antiguo de Isfahán ha forjado un encantador paisaje cultural que atrae a turistas de todo el mundo. La belleza de Isfahán ha hechizado a gente famosa, como Arturo Upham Pope, científico estadunidense que solicitó ser enterrado en Irán. Hoy, la tumba de Pope está al lado del Puente de Allah Verdi Jan (Sio-se-pol), donde se ha convertido en un monumento en Isfahán.

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